Capítulo VIII
Políticos, concejales y cargos públicos: asesinados por defender la libertad

No llevaban pistola. No vestían uniforme. No eran “represores” ni “ocupantes”. Eran hombres y mujeres elegidos por sus vecinos en urnas democráticas. Concejalas y concejales de ayuntamientos, alcaldes de pueblos pequeños, presidentes de diputaciones forales, diputados autonómicos… Servidores públicos que, día tras día, gestionaban guarderías, arreglaban carreteras, defendían el presupuesto de su pueblo o simplemente representaban la voluntad de los ciudadanos.

Y por eso mismo ETA los mató.

Porque cada concejal que juraba la Constitución era una bofetada a su sueño de ruptura. Porque cada alcalde que izaba la bandera de España en el balcón del ayuntamiento era la prueba viva de que la democracia funcionaba. Porque cada cargo público que se negaba a arrodillarse ante el terror simbolizaba la España constitucional que ellos querían destruir.

Según el informe Foronda del Gobierno vasco, solo en democracia ETA asesinó a 31 cargos políticos. Otras fuentes elevan la cifra total de políticos y cargos públicos asesinados a cerca de 38 desde 1968. La inmensa mayoría eran concejales de UCD, Alianza Popular/PP, PSOE o UPN. No importaba el partido: importaba que representaban la legalidad democrática y la unidad de España.

El terror contra ellos comenzó pronto y se intensificó cuando la democracia ya estaba consolidada. Algunos nombres que jamás deben borrarse:

  • Antonio Echevarría, alcalde de Oiartzun (Guipúzcoa), asesinado el 25 de noviembre de 1975, apenas cinco días después de la muerte de Franco.
  • Víctor Legorburu, alcalde de Galdácano (Vizcaya), tiroteado en febrero de 1976.
  • Juan María Araluce, presidente de la Diputación Foral de Guipúzcoa, acribillado junto a sus escoltas en octubre de 1976.
  • Augusto Unceta Barrenechea, presidente de la Diputación Foral de Vizcaya, asesinado en 1977.
  • Gregorio Ordóñez, concejal y diputado del PP en San Sebastián, ejecutado en un bar de la ciudad en 1995.
  • Miguel Ángel Blanco, joven concejal del PP en Ermua, secuestrado y asesinado en julio de 1997 tras un ultimátum imposible. Su muerte desató la mayor movilización ciudadana contra ETA de la historia.
  • José María Martín Carpena, concejal del PP en Málaga, tiroteado en su ciudad en 2000.
  • Froilán Elespe, concejal del PSE en Lasarte, asesinado en 2001.
  • Isaías Carrasco, ex concejal socialista de Mondragón, ejecutado de cinco tiros en 2008, el último día de campaña electoral.

Cada uno de ellos fue elegido por sus vecinos. Cada uno representaba la voz de la gente corriente. Y cada uno fue señalado, amenazado y finalmente ejecutado por el “delito” de defender la libertad, la legalidad y la España una.

Los mataban en el garaje de su casa, al salir del ayuntamiento, en la barra de un bar, mientras paseaban con su familia. Les disparaban por la espalda para que el mensaje quedara claro: “Quien represente a España en cualquier pueblo, morirá”. Querían vaciar los ayuntamientos de voces democráticas. Querían que nadie se atreviera a presentarse a unas elecciones si no era de su cuerda. Querían que el poder local cayera en manos del miedo.

Pero fallaron.

Porque aquellos concejales asesinados no estaban solos. Detrás de cada uno había miles de españoles que, a pesar del terror, siguieron votando, siguieron gobernando y siguieron diciendo “no” a la ruptura. Sus viudas, sus hijos y sus compañeros de partido recogieron el testigo. Sus ayuntamientos no se rindieron. España no se rompió.

Este capítulo es para ellos: los políticos que no pidieron escolta por miedo, sino por dignidad. Los que sabían que su cargo era una diana y aun así lo aceptaron. Los que murieron por defender la libertad que ETA nunca pudo entender.

Porque no fueron “daños colaterales” de un supuesto conflicto.
Fueron asesinados precisamente por ser la encarnación más pura de la democracia: la que nace del voto y no de la bala.

Y por cada concejal, cada alcalde, cada cargo público caído…
Por los que pagaron con su vida el defender la libertad en su pueblo…
Por los que demostraron que la democracia es más fuerte que el terror…

Por ellos.
Por siempre.