Capítulo 14
España una e indivisible: el patriotismo como respuesta al terror

España no se negocia. España no se fragmenta. España es una e indivisible, como proclama el artículo 2 de nuestra Constitución y como lo han gritado millones de españoles en las plazas y en las urnas cada vez que el terror o el separatismo han intentado romperla. Esa es la verdad innegociable que el terrorismo etarra quiso dinamitar durante más de medio siglo. No mataban solo a personas: mataban la idea misma de una España unida, libre y soberana.

Querían convertir el País Vasco en un feudo tribal, Navarra en tierra de nadie y el resto de España en un vecino molesto al que se podía extorsionar, secuestrar o volar por los aires. Frente a esa barbarie, la única respuesta digna, la única respuesta victoriosa, ha sido siempre el patriotismo. No el patriotismo de salón, sino el patriotismo de trinchera: el de aquellos que dijeron “España” con la voz rota y el puño cerrado mientras las balas silbaban.

Porque el terror de ETA no fue un “conflicto vasco”. Fue una guerra declarada contra la Nación española. Una guerra sucia, cobarde, asimétrica, que buscaba el miedo, la división y, al final, la rendición. Mataron a guardias civiles, a policías nacionales, a militares, a empresarios, a políticos, a periodistas, a simples ciudadanos que se atrevieron a ondear la bandera de España o a decir que eran españoles sin pedir permiso.

Mataron a Gregorio Ordóñez, a Juan María Araluce, a José Luis López de Lacalle, a Miguel Ángel Blanco… y con cada bala pretendían que el resto agacháramos la cabeza y aceptáramos que España era divisible. Pero no lo consiguieron. Y no lo consiguieron porque surgió, desde las entrañas del pueblo, un patriotismo popular, espontáneo y feroz que llenó las calles de banderas rojigualdas, que creó asociaciones como ¡Basta Ya!, que hizo posible la marcha de Ermua y que, en definitiva, ganó la batalla moral.

Hoy, en 2026, el enemigo ha cambiado de uniforme, pero no de objetivo. Ya no son solo los etarras con pistola; son sus herederos políticos de EH Bildu y Sortu, que ocupan ayuntamientos, que negocian presupuestos y que, desde el Gobierno de coalición, exigen más cesiones. Son los separatistas catalanes que siguen soñando con su república y que, cada vez que pueden, escupen sobre la unidad de España. Son los que, desde Bruselas o desde ciertas embajadas extranjeras, aplauden cualquier fisura en nuestra soberanía. Y frente a ellos, la única respuesta posible sigue siendo la misma: patriotismo. Patriotismo constitucional, patriotismo cultural, patriotismo cotidiano.

Patriotismo es no callar cuando en un colegio se enseña que España es un “estado plurinacional”. Patriotismo es salir a la calle con la bandera cuando un alcalde bilduetarra iza la ikurriña en el balcón del ayuntamiento. Patriotismo es recordar que Navarra es España, que el País Vasco es España, que Cataluña es España, que Galicia es España y que todas las regiones y pueblos de esta Nación forman una sola familia, no un condominio de tribus enfrentadas. Patriotismo es defender la lengua común, la historia común y la soberanía común frente a quienes quieren convertirlas en piezas de museo o en motivo de vergüenza.

El patriotismo no es un sentimiento de derechas o de izquierdas: es un sentimiento de españoles. Lo sintieron los socialistas de Ermua cuando defendieron a Miguel Ángel Blanco. Lo sintieron los constitucionalistas catalanes cuando se plantaron frente al procés. Lo sentimos millones de españoles cada 12 de octubre, cada 11 de noviembre en el Valle de los Caídos o en cualquier rincón donde se honre a los caídos por España. Es el patriotismo que venció al terror porque supo que España no es solo un territorio: es un proyecto de libertad, de convivencia y de grandeza que vale la pena defender con uñas y dientes.

Por eso, frente al terror que quiso dividirnos, la respuesta es clara: España una e indivisible. Y el patriotismo, no como nostalgia, sino como arma cargada de futuro. Porque mientras haya españoles dispuestos a decir “España” sin complejos, el terror —en cualquiera de sus formas— estará condenado al fracaso.

¡España una e indivisible!
¡Viva España!
¡No nos rendimos, no nos dividimos, no nos callamos!